No,
no es trampa.
Sale así.
Y arrepentido, o no,
agacho la cabeza y sigo.
Soy yo.
El que no hace más dedo al coche negro.
El indeciso decidido.
El descompuesto de verdades dispuestas al brote.
No le creo a mi nube que ella te extraña más.
No le creo al destino, lo quiero hacer yo.
Y te espero acá,
autoflagelándome con mis dudas amigas
(conocidas tuyas),
y peleadas con mis miedos,
miedos que se mofaban de mí,
y ahora me temen como a un cuco.
Mi nube no te extraña más que yo,
por más que me jure noches y siestas enteras.
Acá te espero.
lunes, 17 de mayo de 2010
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