El dato de almanaque es correcto: “sol sale 6:08”. Lo de este 18 de octubre era una premonición, San Lucas.
La luz del alba empezó a filtrarse por los agujeritos de la persiana medio caída. Miguel sabía que había que cambiarla. También el colchón, porque la espalda no le daba a basto.
De un salto al piso, a despertarlo a su compañero de habitación, su amigo, su colega.
- Che cabeza, dale así movemos enseguida.-
Hernán remoloneo un poco y encaró para el baño, cuando salió con la cara recién lavada puso el agua y se sentó en calzoncillos sobre la sillita de madera que dejaba al lado de la salamandra secando las medias del día anterior, con la mejor cara de recién levantado, la vista clavada en cualquier parte y las manos debajo de las piernas.
La puerta chilló como de costumbre y se cerró de golpe por la correntada, estaba abierto el ventiluz del baño. Entró Miguel con los bizcochitos de grasa, como todas las mañanas desde hacía unos 6 años, cuando compartían la habitación de la pensión de a la vuelta. Un laburo que consiguieron juntos los llevó a alquilar el PH que ahora dividían en gastos, un monoambiente en el barrio que ya conocían y del que se sentían parte, aunque el mes se les hacía largo en la ciudad y daban cualquier cosa por visitar el pueblo que tan lejos les quedaba.
Hernán sacudió la cabeza y se paró despacito, como cuidando que nada se rompiera. Y del almanaque arranco el 17.
- Migue, cagate de risa, “no es cuanto posees lo que forma tu riqueza sino cuanto la saboreas”, ahora vamos a ver que tal están los bizcochos, ¿o hay otra cosa para saborear?-
El otro sorbió el primer mate y lo escupió en la piletita sin decir nada. Puso FM y se sentó en la cama de abajo de la cucheta. Abrió la bolsita y se mando un bizcocho entero en la boca. Cuando terminó de masticar y convidó un mate, arrancó con la voz ronca de los puchos del día anterior.
- El año que viene arranco medicina.-
Hernán se lo quedó mirando con el ceño fruncido y el mate calentándole las manos, dudando en caer en una trampa o preocuparse por el estado mental del otro, al final se animó.
- ¿Vos estás en pedo?, a gatas tenemos para morfar ¿Y pensas en estudiar? ¿Le pensas pedir guita a tu vieja?-
- No, pero si no arranco ahora no lo hago mas. ¿Vos que querés seguir?
- ¡Nada! Si no tengo un mango, tendría que dejar de laburar y prefiero comer por ahora.-
Hernán lo seguía mirando desconcertado, buscando una complicidad. Pero Miguel sonaba muy convencido. Siempre habían fantaseado con estudiar, pero eran lo suficientemente conscientes como para no soñar con ese tipo de utopías, la mano no venia bien en sus familias y el horno no estaba para bollos.
- Te tengo que contar algo loco. Si no te dije nada antes es porque no estaba seguro de nada, pero tengo la forma de salir de acá, y poder tirar unos mangos para casa, ¿viste? No se como te va a caer, porque sé que no está bien, que se yo. Pero es la única vuelta que le encuentro pa´ zafar.-
El otro seguía en algo que le parecía una gastada, y nada mas por eso no se quería entusiasmar demasiado, aunque tampoco sabía con que le iba a salir su supuesto salvador. Por lo tanto, le devolvió el mate preguntándole con las cejas en alto de qué se trataba el asunto.
Miguel se cebó un amargo y se sonrió, miró el relojito y vio que el tiempo le daba justo para la explicación mas resumida y convincente antes de entrar al café, a la diaria rutina de los capuchinos y los americanos con crema que toma la gente bien.
- Si vos me das una mano, hay para los dos y va a ser mucho mas fácil, y sino... veré que hago. ¿Lo conoces a Don Manuel? El viejo careta ese que come los jueves y viernes en el café.-
-¿El del sombrerito de fieltro?
-Claro, ese viejo es de Villa Gesell, está forrado en guita, piensa abrir un restoran en temporada alta y me tiró una onda para ir para allá...
- ¿Y eso? ¿Qué tiene de malo? Me hiciste asustar gil...
- Pará, ¿te acordas del Oso?
- ¡¡Uh!! ¿No lo habían agarrado con mandanga justo después que le dejamos de comprar faso?
- Si, salió la semana pasada....
- ¡Migue, la re concha de tu hermana!, ¿Que mierda estas pensando?
- Ehhhhh, pará un poco chabón, ¿Sabés cuánto hace que vengo averiguando por la salida del gordo falpero ese?, tengo todo listo... me hace falta arrancar y nada mas. Viste que vos estas en blanco, ¿No? Necesitamos sacar un crédito para comprarle unas cosas al gordo y...
- Vos estas totalmente en pedo, me voy a bañar porque se nos va a hacer tarde, dame un mate mas así no me voy rengo...
- Ahora, escuchame una cosa pelotudo, si yo te doy esto ¿que te parece que es..?
Lo azuzó Miguel manoteando un atado de cigarrillos sin abrir y tirándolo arriba de la mesita de plástico.
- Un atado de puchos bolas, ¿Qué va a ser?
- Abrilo... y fijate, fijate si te miento de que lo tengo bien pensado.
Hernán tiró de la cintita del celofán, pellizcó el papel metálico rasgándolo, dio vuelta el atado con la derecha y lo golpeó sobre el canto de la izquierda dos veces hasta que aparecieron tres filtros marrones con pintas mas claras, con gran velocidad, como haría con cualquier paquete de cigarrillos.
- Laquis.- dijo como si nada, y como convidándole.- ¿qué tiene?
- Nada.- contestó Miguel.
Hernán lo miraba fijo con la mano en el aire, todavía con cara de dormido y no muy seguro de estar despierto, porque siempre le pasaba eso de soñarse despertando dentro de cualquier situación bisagra que cambiara su vida. Así que esperó a ver que pasaba. Miguel le aceptó un pucho, lo peló como una banana y frente a su atenta mirada sustrajo un cigarrillo de marihuana.
- ¿Cómo hiciste eso?
-Es como hacen los monitos...
-Vos sos muy boludo, ¿Cómo mierda hiciste para meter ese porro ahí adentro?
- “Esos”, son 20.
- ¿Y cómo los metiste?
- Porque a los puchos les saqué el tabaco, ¿entendés?
- Si boludo, pero explicame cómo carajos, si ese atado estaba cerrado.
-¡Ah! Con mucho cuidado le despego la parte de abajo del celofán, ahí lo abro. Hago lo mismo con el papel y el metálico de adentro. Después ya sabés. Lo pego con cuidado y queda como nuevo. Lo mismo hago con el paquete del cartón.
- ¡Pero son doscientos porros!
- Cuatrocientos, por ahora. Si vos sacás el crédito son dos mil.
- ¿Vos estas hablando en serio?
- ¿Esto no me lo crees? A lo del atado te lo comiste. Si nadie se da cuenta. ¿Tan mala te parece? Con esto safamos un rato largo loco. Yo no digo de hacerla bardeando. eh! ¡ojo!, prolijo, sin hacer bulla. ¿Te prendés? Si es no, no importa, te entiendo, no hay compr...
- ¿Y la guita quién la pone? Sí que me comprometes, porque sabes bien que soy un boludo y que te voy a prestar la guita, pero no me meto en ninguna.-
El verano siguiente, Hernán y Miguel, trabajaron en el restoran de Don Manuel. Vendieron ramones a mas no poder, durmieron poco y se deslomaron duro porque había que laburar parejo y ser prolijos.
La desprolijidad lo llevó al Oso otra vez a la sombra.
Tal era la alegría del viejo del sombrero de fieltro por la cantidad de gente que frecuentó su casa de comidas que decidió poner un restoran a la vuelta del PH que alquilaban, lo manejan entre los tres, el viejo hace de franquero cuando los otros dos tienen que estudiar para rendir alguna materia.
De los “laquis” rellenos no se habló nunca más.
Fue una bisagra, nada más.-
lunes, 17 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario