Treinta y siete mil setecientas veces en mi boca,
Treinta y siete mil setecientas llamas y chispazos,
Treinta y siete mil setecientas oportunidades de no hacerlo,
Treinta y siete mil setecientos tabacos.
Dos pulmones negros.
Diez dedos con su olor,
Cinco años de vicio, y contando.
Una garganta rasposa e incontables voces roncas.
¿Cuántos años más de vida?
Dos pulmones negros.
Una vida.
Dos décadas y media de haber llegado,
Una quinta parte haciéndome el hombre.
Más arrugas de las que tendría,
Menos puro el aire.
Dos pulmones negros.
Mucha tos en pleno julio,
Baños de vapor en el calor de enero.
Fatiga y una mano en cada rodilla,
Quince minutos de fulbito.
Dos pulmones negros.
Media vida.-
jueves, 27 de mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
Que no sangre
Ahi arriba era chiquito, esa noche que no sé.
Y estabamos y nos mirabamos. Y creo que la vela y creo que el colchón.
Pero mirá, no me alcanzó. Mira mis paredes rayadas por vos.
No puedo creer. No me costaba nada disimular mi estupidez.
Salias despues. Te escuche hablar. Te vi tan de cerca que despues no me pude recuperar.
Retornar. El eco de tu boca chorrea.
Retornar. Tu cara, ese, el mejor ejemplo de belleza sin maldad.
Caminar, gritar, rajar, llorar.Porque no entender el silencio es no entender que no hay nada que explicar. (No me acostumbro a no hablar de más).
Todavía no me sale mirarte sin temblar.
La cabeza, el cuerpo, o la piel.
El tiempo, la rima, la electricidad ocular o la soledad.
Esa noche alta, o tus venas, o la puñalada mortal.
La risa, el entorno o el misterio que no revelas.
Revolver la herida, ayudarla a cicatrizar, ¿Sería pedir de más?.
Cecilia García
Y estabamos y nos mirabamos. Y creo que la vela y creo que el colchón.
Pero mirá, no me alcanzó. Mira mis paredes rayadas por vos.
No puedo creer. No me costaba nada disimular mi estupidez.
Salias despues. Te escuche hablar. Te vi tan de cerca que despues no me pude recuperar.
Retornar. El eco de tu boca chorrea.
Retornar. Tu cara, ese, el mejor ejemplo de belleza sin maldad.
Caminar, gritar, rajar, llorar.Porque no entender el silencio es no entender que no hay nada que explicar. (No me acostumbro a no hablar de más).
Todavía no me sale mirarte sin temblar.
La cabeza, el cuerpo, o la piel.
El tiempo, la rima, la electricidad ocular o la soledad.
Esa noche alta, o tus venas, o la puñalada mortal.
La risa, el entorno o el misterio que no revelas.
Revolver la herida, ayudarla a cicatrizar, ¿Sería pedir de más?.
Cecilia García
martes, 18 de mayo de 2010
Macanas
Por andarme con macanas
Y no seguir tus consejos,
Ahora te copio en el canto
Si me pongo a recordar.
Se me humedecen los ojos
Se me cierra la garganta
Por andarme con macanas
No te he parao´ de fallar.
Porfiar por el buen camino
Madrugar como es debido,
Sordos eran mis oídos
Por marmota y chiquilín,
Por hacerme siempre el sota
Fui el caballo del fracaso
Como el rey de los idiotas
Es que te vengo a pedir:
No llorés por este vago
Que ya hiciste demasiado
Si me das por perdonado
Y me mandas a mudar
No habrá rencor en mis ojos
Cuando te pegue un abrazo
Por andarme con macanas
Soy yo quien debe llorar
No llores que con el tiempo
Y con tu voz iré cambiando
Por andarme con macanas
Soy yo quien debe llorar.-
Y no seguir tus consejos,
Ahora te copio en el canto
Si me pongo a recordar.
Se me humedecen los ojos
Se me cierra la garganta
Por andarme con macanas
No te he parao´ de fallar.
Porfiar por el buen camino
Madrugar como es debido,
Sordos eran mis oídos
Por marmota y chiquilín,
Por hacerme siempre el sota
Fui el caballo del fracaso
Como el rey de los idiotas
Es que te vengo a pedir:
No llorés por este vago
Que ya hiciste demasiado
Si me das por perdonado
Y me mandas a mudar
No habrá rencor en mis ojos
Cuando te pegue un abrazo
Por andarme con macanas
Soy yo quien debe llorar
No llores que con el tiempo
Y con tu voz iré cambiando
Por andarme con macanas
Soy yo quien debe llorar.-
lunes, 17 de mayo de 2010
¿Trampa?
No,
no es trampa.
Sale así.
Y arrepentido, o no,
agacho la cabeza y sigo.
Soy yo.
El que no hace más dedo al coche negro.
El indeciso decidido.
El descompuesto de verdades dispuestas al brote.
No le creo a mi nube que ella te extraña más.
No le creo al destino, lo quiero hacer yo.
Y te espero acá,
autoflagelándome con mis dudas amigas
(conocidas tuyas),
y peleadas con mis miedos,
miedos que se mofaban de mí,
y ahora me temen como a un cuco.
Mi nube no te extraña más que yo,
por más que me jure noches y siestas enteras.
Acá te espero.
no es trampa.
Sale así.
Y arrepentido, o no,
agacho la cabeza y sigo.
Soy yo.
El que no hace más dedo al coche negro.
El indeciso decidido.
El descompuesto de verdades dispuestas al brote.
No le creo a mi nube que ella te extraña más.
No le creo al destino, lo quiero hacer yo.
Y te espero acá,
autoflagelándome con mis dudas amigas
(conocidas tuyas),
y peleadas con mis miedos,
miedos que se mofaban de mí,
y ahora me temen como a un cuco.
Mi nube no te extraña más que yo,
por más que me jure noches y siestas enteras.
Acá te espero.
La bisagra
El dato de almanaque es correcto: “sol sale 6:08”. Lo de este 18 de octubre era una premonición, San Lucas.
La luz del alba empezó a filtrarse por los agujeritos de la persiana medio caída. Miguel sabía que había que cambiarla. También el colchón, porque la espalda no le daba a basto.
De un salto al piso, a despertarlo a su compañero de habitación, su amigo, su colega.
- Che cabeza, dale así movemos enseguida.-
Hernán remoloneo un poco y encaró para el baño, cuando salió con la cara recién lavada puso el agua y se sentó en calzoncillos sobre la sillita de madera que dejaba al lado de la salamandra secando las medias del día anterior, con la mejor cara de recién levantado, la vista clavada en cualquier parte y las manos debajo de las piernas.
La puerta chilló como de costumbre y se cerró de golpe por la correntada, estaba abierto el ventiluz del baño. Entró Miguel con los bizcochitos de grasa, como todas las mañanas desde hacía unos 6 años, cuando compartían la habitación de la pensión de a la vuelta. Un laburo que consiguieron juntos los llevó a alquilar el PH que ahora dividían en gastos, un monoambiente en el barrio que ya conocían y del que se sentían parte, aunque el mes se les hacía largo en la ciudad y daban cualquier cosa por visitar el pueblo que tan lejos les quedaba.
Hernán sacudió la cabeza y se paró despacito, como cuidando que nada se rompiera. Y del almanaque arranco el 17.
- Migue, cagate de risa, “no es cuanto posees lo que forma tu riqueza sino cuanto la saboreas”, ahora vamos a ver que tal están los bizcochos, ¿o hay otra cosa para saborear?-
El otro sorbió el primer mate y lo escupió en la piletita sin decir nada. Puso FM y se sentó en la cama de abajo de la cucheta. Abrió la bolsita y se mando un bizcocho entero en la boca. Cuando terminó de masticar y convidó un mate, arrancó con la voz ronca de los puchos del día anterior.
- El año que viene arranco medicina.-
Hernán se lo quedó mirando con el ceño fruncido y el mate calentándole las manos, dudando en caer en una trampa o preocuparse por el estado mental del otro, al final se animó.
- ¿Vos estás en pedo?, a gatas tenemos para morfar ¿Y pensas en estudiar? ¿Le pensas pedir guita a tu vieja?-
- No, pero si no arranco ahora no lo hago mas. ¿Vos que querés seguir?
- ¡Nada! Si no tengo un mango, tendría que dejar de laburar y prefiero comer por ahora.-
Hernán lo seguía mirando desconcertado, buscando una complicidad. Pero Miguel sonaba muy convencido. Siempre habían fantaseado con estudiar, pero eran lo suficientemente conscientes como para no soñar con ese tipo de utopías, la mano no venia bien en sus familias y el horno no estaba para bollos.
- Te tengo que contar algo loco. Si no te dije nada antes es porque no estaba seguro de nada, pero tengo la forma de salir de acá, y poder tirar unos mangos para casa, ¿viste? No se como te va a caer, porque sé que no está bien, que se yo. Pero es la única vuelta que le encuentro pa´ zafar.-
El otro seguía en algo que le parecía una gastada, y nada mas por eso no se quería entusiasmar demasiado, aunque tampoco sabía con que le iba a salir su supuesto salvador. Por lo tanto, le devolvió el mate preguntándole con las cejas en alto de qué se trataba el asunto.
Miguel se cebó un amargo y se sonrió, miró el relojito y vio que el tiempo le daba justo para la explicación mas resumida y convincente antes de entrar al café, a la diaria rutina de los capuchinos y los americanos con crema que toma la gente bien.
- Si vos me das una mano, hay para los dos y va a ser mucho mas fácil, y sino... veré que hago. ¿Lo conoces a Don Manuel? El viejo careta ese que come los jueves y viernes en el café.-
-¿El del sombrerito de fieltro?
-Claro, ese viejo es de Villa Gesell, está forrado en guita, piensa abrir un restoran en temporada alta y me tiró una onda para ir para allá...
- ¿Y eso? ¿Qué tiene de malo? Me hiciste asustar gil...
- Pará, ¿te acordas del Oso?
- ¡¡Uh!! ¿No lo habían agarrado con mandanga justo después que le dejamos de comprar faso?
- Si, salió la semana pasada....
- ¡Migue, la re concha de tu hermana!, ¿Que mierda estas pensando?
- Ehhhhh, pará un poco chabón, ¿Sabés cuánto hace que vengo averiguando por la salida del gordo falpero ese?, tengo todo listo... me hace falta arrancar y nada mas. Viste que vos estas en blanco, ¿No? Necesitamos sacar un crédito para comprarle unas cosas al gordo y...
- Vos estas totalmente en pedo, me voy a bañar porque se nos va a hacer tarde, dame un mate mas así no me voy rengo...
- Ahora, escuchame una cosa pelotudo, si yo te doy esto ¿que te parece que es..?
Lo azuzó Miguel manoteando un atado de cigarrillos sin abrir y tirándolo arriba de la mesita de plástico.
- Un atado de puchos bolas, ¿Qué va a ser?
- Abrilo... y fijate, fijate si te miento de que lo tengo bien pensado.
Hernán tiró de la cintita del celofán, pellizcó el papel metálico rasgándolo, dio vuelta el atado con la derecha y lo golpeó sobre el canto de la izquierda dos veces hasta que aparecieron tres filtros marrones con pintas mas claras, con gran velocidad, como haría con cualquier paquete de cigarrillos.
- Laquis.- dijo como si nada, y como convidándole.- ¿qué tiene?
- Nada.- contestó Miguel.
Hernán lo miraba fijo con la mano en el aire, todavía con cara de dormido y no muy seguro de estar despierto, porque siempre le pasaba eso de soñarse despertando dentro de cualquier situación bisagra que cambiara su vida. Así que esperó a ver que pasaba. Miguel le aceptó un pucho, lo peló como una banana y frente a su atenta mirada sustrajo un cigarrillo de marihuana.
- ¿Cómo hiciste eso?
-Es como hacen los monitos...
-Vos sos muy boludo, ¿Cómo mierda hiciste para meter ese porro ahí adentro?
- “Esos”, son 20.
- ¿Y cómo los metiste?
- Porque a los puchos les saqué el tabaco, ¿entendés?
- Si boludo, pero explicame cómo carajos, si ese atado estaba cerrado.
-¡Ah! Con mucho cuidado le despego la parte de abajo del celofán, ahí lo abro. Hago lo mismo con el papel y el metálico de adentro. Después ya sabés. Lo pego con cuidado y queda como nuevo. Lo mismo hago con el paquete del cartón.
- ¡Pero son doscientos porros!
- Cuatrocientos, por ahora. Si vos sacás el crédito son dos mil.
- ¿Vos estas hablando en serio?
- ¿Esto no me lo crees? A lo del atado te lo comiste. Si nadie se da cuenta. ¿Tan mala te parece? Con esto safamos un rato largo loco. Yo no digo de hacerla bardeando. eh! ¡ojo!, prolijo, sin hacer bulla. ¿Te prendés? Si es no, no importa, te entiendo, no hay compr...
- ¿Y la guita quién la pone? Sí que me comprometes, porque sabes bien que soy un boludo y que te voy a prestar la guita, pero no me meto en ninguna.-
El verano siguiente, Hernán y Miguel, trabajaron en el restoran de Don Manuel. Vendieron ramones a mas no poder, durmieron poco y se deslomaron duro porque había que laburar parejo y ser prolijos.
La desprolijidad lo llevó al Oso otra vez a la sombra.
Tal era la alegría del viejo del sombrero de fieltro por la cantidad de gente que frecuentó su casa de comidas que decidió poner un restoran a la vuelta del PH que alquilaban, lo manejan entre los tres, el viejo hace de franquero cuando los otros dos tienen que estudiar para rendir alguna materia.
De los “laquis” rellenos no se habló nunca más.
Fue una bisagra, nada más.-
La luz del alba empezó a filtrarse por los agujeritos de la persiana medio caída. Miguel sabía que había que cambiarla. También el colchón, porque la espalda no le daba a basto.
De un salto al piso, a despertarlo a su compañero de habitación, su amigo, su colega.
- Che cabeza, dale así movemos enseguida.-
Hernán remoloneo un poco y encaró para el baño, cuando salió con la cara recién lavada puso el agua y se sentó en calzoncillos sobre la sillita de madera que dejaba al lado de la salamandra secando las medias del día anterior, con la mejor cara de recién levantado, la vista clavada en cualquier parte y las manos debajo de las piernas.
La puerta chilló como de costumbre y se cerró de golpe por la correntada, estaba abierto el ventiluz del baño. Entró Miguel con los bizcochitos de grasa, como todas las mañanas desde hacía unos 6 años, cuando compartían la habitación de la pensión de a la vuelta. Un laburo que consiguieron juntos los llevó a alquilar el PH que ahora dividían en gastos, un monoambiente en el barrio que ya conocían y del que se sentían parte, aunque el mes se les hacía largo en la ciudad y daban cualquier cosa por visitar el pueblo que tan lejos les quedaba.
Hernán sacudió la cabeza y se paró despacito, como cuidando que nada se rompiera. Y del almanaque arranco el 17.
- Migue, cagate de risa, “no es cuanto posees lo que forma tu riqueza sino cuanto la saboreas”, ahora vamos a ver que tal están los bizcochos, ¿o hay otra cosa para saborear?-
El otro sorbió el primer mate y lo escupió en la piletita sin decir nada. Puso FM y se sentó en la cama de abajo de la cucheta. Abrió la bolsita y se mando un bizcocho entero en la boca. Cuando terminó de masticar y convidó un mate, arrancó con la voz ronca de los puchos del día anterior.
- El año que viene arranco medicina.-
Hernán se lo quedó mirando con el ceño fruncido y el mate calentándole las manos, dudando en caer en una trampa o preocuparse por el estado mental del otro, al final se animó.
- ¿Vos estás en pedo?, a gatas tenemos para morfar ¿Y pensas en estudiar? ¿Le pensas pedir guita a tu vieja?-
- No, pero si no arranco ahora no lo hago mas. ¿Vos que querés seguir?
- ¡Nada! Si no tengo un mango, tendría que dejar de laburar y prefiero comer por ahora.-
Hernán lo seguía mirando desconcertado, buscando una complicidad. Pero Miguel sonaba muy convencido. Siempre habían fantaseado con estudiar, pero eran lo suficientemente conscientes como para no soñar con ese tipo de utopías, la mano no venia bien en sus familias y el horno no estaba para bollos.
- Te tengo que contar algo loco. Si no te dije nada antes es porque no estaba seguro de nada, pero tengo la forma de salir de acá, y poder tirar unos mangos para casa, ¿viste? No se como te va a caer, porque sé que no está bien, que se yo. Pero es la única vuelta que le encuentro pa´ zafar.-
El otro seguía en algo que le parecía una gastada, y nada mas por eso no se quería entusiasmar demasiado, aunque tampoco sabía con que le iba a salir su supuesto salvador. Por lo tanto, le devolvió el mate preguntándole con las cejas en alto de qué se trataba el asunto.
Miguel se cebó un amargo y se sonrió, miró el relojito y vio que el tiempo le daba justo para la explicación mas resumida y convincente antes de entrar al café, a la diaria rutina de los capuchinos y los americanos con crema que toma la gente bien.
- Si vos me das una mano, hay para los dos y va a ser mucho mas fácil, y sino... veré que hago. ¿Lo conoces a Don Manuel? El viejo careta ese que come los jueves y viernes en el café.-
-¿El del sombrerito de fieltro?
-Claro, ese viejo es de Villa Gesell, está forrado en guita, piensa abrir un restoran en temporada alta y me tiró una onda para ir para allá...
- ¿Y eso? ¿Qué tiene de malo? Me hiciste asustar gil...
- Pará, ¿te acordas del Oso?
- ¡¡Uh!! ¿No lo habían agarrado con mandanga justo después que le dejamos de comprar faso?
- Si, salió la semana pasada....
- ¡Migue, la re concha de tu hermana!, ¿Que mierda estas pensando?
- Ehhhhh, pará un poco chabón, ¿Sabés cuánto hace que vengo averiguando por la salida del gordo falpero ese?, tengo todo listo... me hace falta arrancar y nada mas. Viste que vos estas en blanco, ¿No? Necesitamos sacar un crédito para comprarle unas cosas al gordo y...
- Vos estas totalmente en pedo, me voy a bañar porque se nos va a hacer tarde, dame un mate mas así no me voy rengo...
- Ahora, escuchame una cosa pelotudo, si yo te doy esto ¿que te parece que es..?
Lo azuzó Miguel manoteando un atado de cigarrillos sin abrir y tirándolo arriba de la mesita de plástico.
- Un atado de puchos bolas, ¿Qué va a ser?
- Abrilo... y fijate, fijate si te miento de que lo tengo bien pensado.
Hernán tiró de la cintita del celofán, pellizcó el papel metálico rasgándolo, dio vuelta el atado con la derecha y lo golpeó sobre el canto de la izquierda dos veces hasta que aparecieron tres filtros marrones con pintas mas claras, con gran velocidad, como haría con cualquier paquete de cigarrillos.
- Laquis.- dijo como si nada, y como convidándole.- ¿qué tiene?
- Nada.- contestó Miguel.
Hernán lo miraba fijo con la mano en el aire, todavía con cara de dormido y no muy seguro de estar despierto, porque siempre le pasaba eso de soñarse despertando dentro de cualquier situación bisagra que cambiara su vida. Así que esperó a ver que pasaba. Miguel le aceptó un pucho, lo peló como una banana y frente a su atenta mirada sustrajo un cigarrillo de marihuana.
- ¿Cómo hiciste eso?
-Es como hacen los monitos...
-Vos sos muy boludo, ¿Cómo mierda hiciste para meter ese porro ahí adentro?
- “Esos”, son 20.
- ¿Y cómo los metiste?
- Porque a los puchos les saqué el tabaco, ¿entendés?
- Si boludo, pero explicame cómo carajos, si ese atado estaba cerrado.
-¡Ah! Con mucho cuidado le despego la parte de abajo del celofán, ahí lo abro. Hago lo mismo con el papel y el metálico de adentro. Después ya sabés. Lo pego con cuidado y queda como nuevo. Lo mismo hago con el paquete del cartón.
- ¡Pero son doscientos porros!
- Cuatrocientos, por ahora. Si vos sacás el crédito son dos mil.
- ¿Vos estas hablando en serio?
- ¿Esto no me lo crees? A lo del atado te lo comiste. Si nadie se da cuenta. ¿Tan mala te parece? Con esto safamos un rato largo loco. Yo no digo de hacerla bardeando. eh! ¡ojo!, prolijo, sin hacer bulla. ¿Te prendés? Si es no, no importa, te entiendo, no hay compr...
- ¿Y la guita quién la pone? Sí que me comprometes, porque sabes bien que soy un boludo y que te voy a prestar la guita, pero no me meto en ninguna.-
El verano siguiente, Hernán y Miguel, trabajaron en el restoran de Don Manuel. Vendieron ramones a mas no poder, durmieron poco y se deslomaron duro porque había que laburar parejo y ser prolijos.
La desprolijidad lo llevó al Oso otra vez a la sombra.
Tal era la alegría del viejo del sombrero de fieltro por la cantidad de gente que frecuentó su casa de comidas que decidió poner un restoran a la vuelta del PH que alquilaban, lo manejan entre los tres, el viejo hace de franquero cuando los otros dos tienen que estudiar para rendir alguna materia.
De los “laquis” rellenos no se habló nunca más.
Fue una bisagra, nada más.-
Hasta hace un instante mi vida era perfecta. Todo se daba con una armoniosa monotonía. Los autos, las cosas, la gente, nada significaba demasiado para mi y con eso ya era feliz. Me había costado mucho construir esa coraza que me defiende de todo lo que me rodea y me hace prácticamente invulnerable. Pero una frase, solo unas pocas palabras suyas bastaron para destruir hasta las ruinas esa pequeña burbuja que con paciencia y esmero fui creando. Unas palabras escritas, un conjunto de letras afiladas y unidas de la manera exacta pudieron conmigo. Si no hubiese aprendido a leer jamás hubiera comprendido su significado y aun estaría en paz. Pero no, otra vez la ironía jugaba conmigo.
¿Qué pretende este caprichoso Dios? Primero me enfrenta desarmado a su mundo para disfrutar con mi dolor y una vez que comprendí su juego y me sentí parte de el, me muestra la llave para entrar al paraíso, porque sabe que mi conciencia no permitirá nunca que mi alma impura entre en el.
Otra vez el miedo y la desesperación, las noches de insomnio y el vacío infinito que continua creciendo en mi alma. Las horas pasan tan frías como el cuchillo que besó mis venas y mi vida se extingue gota a gota en un silencio tan profundo como la herida que se abrió en mi carne. Los colores me abandonan lentamente y voy quedando a oscuras. El frío se va al fin, casi no podía soportarlo. Me siento como en esos sueños en donde el cuerpo cae a un abismo sin alcanzar nunca el fondo.
Y ahora soy viento y susurro palabras en su oído. Y ahora soy luz y escribo sin cesar en el limbo, y soy lagrima también , que besa con ternura su mejilla y soy olvido después que asesina sin piedad.
Juan Garay
¿Qué pretende este caprichoso Dios? Primero me enfrenta desarmado a su mundo para disfrutar con mi dolor y una vez que comprendí su juego y me sentí parte de el, me muestra la llave para entrar al paraíso, porque sabe que mi conciencia no permitirá nunca que mi alma impura entre en el.
Otra vez el miedo y la desesperación, las noches de insomnio y el vacío infinito que continua creciendo en mi alma. Las horas pasan tan frías como el cuchillo que besó mis venas y mi vida se extingue gota a gota en un silencio tan profundo como la herida que se abrió en mi carne. Los colores me abandonan lentamente y voy quedando a oscuras. El frío se va al fin, casi no podía soportarlo. Me siento como en esos sueños en donde el cuerpo cae a un abismo sin alcanzar nunca el fondo.
Y ahora soy viento y susurro palabras en su oído. Y ahora soy luz y escribo sin cesar en el limbo, y soy lagrima también , que besa con ternura su mejilla y soy olvido después que asesina sin piedad.
Juan Garay
Mis manos, los besos y tus ojos
Si te pido que me des la mano, es porque caminé ya demasiado con las mías en los bolsillos.
Si te doy besos que cansan, perdón, tengo miedo que caduquen, ya no sirvan, y vuelva a derrocharlos en bocas que no percatan que están vencidos.
En bocas que no conozco.
En bocas que no siento, ni respeto y me taladran.
En bocas que me mienten banalidades que ya no quiero creer.
Que ya no quiero escuchar.
Que ya no quiero analizar, asumir, ni aprovechar.
Que ya no quiero responder con equitativas y banales mentiras.
Ahora solo pretendo adivinar lo que quieren ver tus ojos.-
Si te doy besos que cansan, perdón, tengo miedo que caduquen, ya no sirvan, y vuelva a derrocharlos en bocas que no percatan que están vencidos.
En bocas que no conozco.
En bocas que no siento, ni respeto y me taladran.
En bocas que me mienten banalidades que ya no quiero creer.
Que ya no quiero escuchar.
Que ya no quiero analizar, asumir, ni aprovechar.
Que ya no quiero responder con equitativas y banales mentiras.
Ahora solo pretendo adivinar lo que quieren ver tus ojos.-
domingo, 16 de mayo de 2010
Sin dormir
Escapémonos de la realidad que nos agobia. Alejémonos de las personas sin alma que nos lastiman. Creémonos una burbuja transparente y luminosa que nos proteja de los disparos que nos dirigen al corazón, seamos ingenuos como niños. Juguemos a las muñecas. Vivamos solos. No nos inventemos falsas necesidades. Hagamos de cuenta que podemos hacerlo. Si te querés mentir de forma tan escandalosa, yo me hago la desentendida y no te alarmo. Te voy a ayudar un poco. Algún proyecto en común nos va a salvar la vida.
Cecilia García
Cecilia García
viernes, 14 de mayo de 2010

Salomé Dascón
MARIPOSA ROJA Y QUIETA
Me encontraste sola, cabeza triste, recuerdos gritones (te encontré). Me siguen los pasos los mismos perros rabiosos de siempre, a pesar de vos, de tus letritas con sonido lejano y de la mariposa que te inventé.
Pido puteando un retazo ínfimo de felicidad, concreta y estable, aislada de todo aquello que no se le parezca. Una felicidad real, sin vidas condenadas a sufrir, ni inventos a propósito, ni infancia aturdida, ni culos rotos tan injustificadamente. Que el rato se alargue un rato más.
Otras cosas pueden ayudar, a pesar de la abstracción de las cosas.
No sé por que se quiebran las uñas, ni porque los vasos vacíos, en ciertas ocasiones, se vuelven torpes maquinarias. No entiendo el accionar de los movimientos que no tienen testigos, ni a los testigos que ven cuando algo se mueve.
Si se rebalsara la sangre que tenés adentro pintará un mural quieto, con olor a crimen, lleno de distancia irreversible.
A veces tomamos hasta el último de trago de amor que alguien causalmente nos sirve. Es rojo, aparentemente interminable, falto de hielo (caliente gota tras puta gota), áspero, dulzón, efímero a pesar de nuestro incesante “otra mozo”.
Todos los abrazos que te daría, juntos.
Todas las palabras que frente a vos pronunciaría, borrachas.
Cecilia García
miércoles, 12 de mayo de 2010
Era viernes
Era viernes. Las manecillas del reloj marcaban las nueve de la noche cuando giró la llave y abrió la puerta trasera.
Paula entró a los gritos como siempre, aclamando por sus padres que acostumbraban mirar videos familiares hasta tarde todos los viernes. Tiró la mochila al lado de las escaleras y caminó hasta el living mientras le daba un mordiscón a la manzana que le había quedado de la merienda.
Este viernes de rutina había sufrido una notable modificación.
En el living lo único que estaba presente era el enorme silencio. El televisor estaba desconectado. Solo la luz tenue de las lámparas acompañaba a la muchacha de diecisiete años.
Sobre la mesita de vidrio, rodeada de confortables sillones, se hallaba una hoja con una nota. Paula encendió la luz principal y la leyó.
¡Si! -gritó- es viernes por la noche y estoy sola. Toda la casa es para mi.
Agarró el teléfono y llamó a su mejor amiga Florencia.
-Flor...hoy, fiesta en casa. Avisales a los demás- y colgó. Era tan grande la emoción que no la dejó hablar.
Ordenó algunas pizzas por teléfono y fue a bañarse.
Luego de unos minutos, ya vestida, recibió el pedido.
Lucía un vestido color negro con unos brillos y unos tacos del mismo color. Se recogió el pelo y comenzó a climatizar la casa.
Poco a poco iban llegando. La casa estaba repleta de jóvenes, el volumen de la música ensordecía. Todos bebían y bailaban.
Todo perfecto. Era la primera vez que Paula organizaba un evento como este en su casa.
Decidió sentarse y de repente un vago recuerdo se instaló en su pensamiento.
Quedó inmóvil.
Observaba todo y a todos. Ya no podía hacer nada. Lentamente una extraña sensación fue invadiendo todo su ser.
La casa estaba íntegramente oscura, en un sorprendente mutismo.
Una gran manta de sueño cayó totalmente en el edificio.
La casa estaba muerta.
Todo su cuerpo temblaba. La puerta se abrió. Dejó de temblar. Sus extremidades y su cara estaban heladas.
Sigilosamente su cuerpo fue tomando un tono pálido. Muy pálido. Les causaba temor mirarla. Ese contraste que hacia el vestido con su piel era atemorizante y aun así no podían evitar hacerlo.
Era el centro de atención, siempre quiso hacerlo y por fin lo había logrado.
Ella, en el sofá.
Ellos, a sus pies, llorando.
Los demás, acompañando el dolor de los padres.
Laura Pavón
Paula entró a los gritos como siempre, aclamando por sus padres que acostumbraban mirar videos familiares hasta tarde todos los viernes. Tiró la mochila al lado de las escaleras y caminó hasta el living mientras le daba un mordiscón a la manzana que le había quedado de la merienda.
Este viernes de rutina había sufrido una notable modificación.
En el living lo único que estaba presente era el enorme silencio. El televisor estaba desconectado. Solo la luz tenue de las lámparas acompañaba a la muchacha de diecisiete años.
Sobre la mesita de vidrio, rodeada de confortables sillones, se hallaba una hoja con una nota. Paula encendió la luz principal y la leyó.
¡Si! -gritó- es viernes por la noche y estoy sola. Toda la casa es para mi.
Agarró el teléfono y llamó a su mejor amiga Florencia.
-Flor...hoy, fiesta en casa. Avisales a los demás- y colgó. Era tan grande la emoción que no la dejó hablar.
Ordenó algunas pizzas por teléfono y fue a bañarse.
Luego de unos minutos, ya vestida, recibió el pedido.
Lucía un vestido color negro con unos brillos y unos tacos del mismo color. Se recogió el pelo y comenzó a climatizar la casa.
Poco a poco iban llegando. La casa estaba repleta de jóvenes, el volumen de la música ensordecía. Todos bebían y bailaban.
Todo perfecto. Era la primera vez que Paula organizaba un evento como este en su casa.
Decidió sentarse y de repente un vago recuerdo se instaló en su pensamiento.
Quedó inmóvil.
Observaba todo y a todos. Ya no podía hacer nada. Lentamente una extraña sensación fue invadiendo todo su ser.
La casa estaba íntegramente oscura, en un sorprendente mutismo.
Una gran manta de sueño cayó totalmente en el edificio.
La casa estaba muerta.
Todo su cuerpo temblaba. La puerta se abrió. Dejó de temblar. Sus extremidades y su cara estaban heladas.
Sigilosamente su cuerpo fue tomando un tono pálido. Muy pálido. Les causaba temor mirarla. Ese contraste que hacia el vestido con su piel era atemorizante y aun así no podían evitar hacerlo.
Era el centro de atención, siempre quiso hacerlo y por fin lo había logrado.
Ella, en el sofá.
Ellos, a sus pies, llorando.
Los demás, acompañando el dolor de los padres.
Laura Pavón
martes, 11 de mayo de 2010

Juanjo Kaufmann
INSTANTE
Por más que quisieran no podían. Era imposible ocultar el paso de los años. La casa estaba irreconocible. Un matorral cubría el jardín. Llegar a la puerta principal era como atravesar un safari, solo que en lugar de animales salvajes los que atacaban eran los mosquitos y los recuerdos.
La última vez que la casa estuvo habitada fue en el dos mil, cuando Karina pasó el verano con su familia. Acostumbraban ir todos los años, pero desde aquel accidente no volvieron más. Sus padres se divorciaron y Felisa, su madre, no soportó la presión acumulada y diez años después se suicidó.
Karina era directora de una empresa textil junto a Horacio, su marido.
Después de veinte años volvió a la “casa de verano” con su familia y con mucha inseguridad.
Llegar a la puerta principal fue muy difícil ya que en este pequeño trayecto recordó lo que por tanto tiempo la acobardó.
-Karina ¿bajamos?- le preguntó Horacio mientras la tomaba de la mano. Luego de unos minutos ella asintió con la cabeza y cargó en sus brazos a su pequeña de siete años.
Desde cada rincón de la casa recibía un disparo a la memoria.
Con el correr de los días el matrimonio fue acondicionando la casa. A unos pocos metros del jardín se podía apreciar la vista del arroyo con una corriente tranquila y con agua muy clara.
Es el sexto día, está frío y anubarrado. El fuerte viento acelera la corriente de la calzada. Salir es atentar contra la vida.Es tenebroso mirar a través del ventanal. Los árboles parecen estar asustados. No hay ni una solo fiera. La oscuridad poco a poco se apodera del día.
La mujer desde su cuarto descubre una sombra, con mucho miedo observa y espera el momento oportuno para gritar, con agonía aguarda que con el paso de los segundos se aleje de la orilla... pero el cuerpo sigue inmóvil, no aguanta y grita. Grita con todas sus fuerzas, con el poco aliento que los recuerdos le dejan, con el gran temor de hacer que caiga al arroyo, reviviendo cada centésima de segundo el acontecimiento, con una gran presión en el pecho sin tener conciencia grita; ¡Felicitas!
Laura Pavón.

Juanjo Kaufmann
VACUIDAD
El año corría y se atragantaba
Con la ausencia del invierno.
Se notaba en el aroma
De las flores atrevidas que crecían.
Él sabía que envejecía
Que su encanto se perdía.
El eco lo perseguía.
Le recordaba el espantoso
Escándalo vivido.
Era un insecto individual
Con intensión de invadir
E indagar a todos.
Era un iluso que pretendía
Ser invisible y poder intrigar.
Se creía un ogro original.
Ocultaba a sus oyentes
Su completa oxidación.
Se sentaba en la orilla,
Al borde de la vida.
Un universo,
Con el tiempo ufano creó
Mientras la úlcera crecía
Con su utopía murió.
Laura Pavón
lunes, 10 de mayo de 2010
Bienvenido al mundo
Una vez más caiste, ¿que pensabas? que el fondo estaba más alla o más acá, no.
una vez más caiste y no te diste cuenta. La "mala junta" te salvo la mente y la experiencia te salvo el respeto.
Que vueltas da la vida para comprender que siempre nos gana, pero no nos aniquila, por que quiere que le demos batalla.
Y bienvenido al mundo, por que aqui estoy.
Las puertas se abren y la percepcción resiste, cuantos pasos ciegos viendo el camino.
De a poco se abrían a medida que avanzabamos y sonaban sus cerrojos al pasar por delante.
En algún momento creiste que la educación te salvaria, bienvenido al mundo.
Las lineas bajan hasta los mas alejados y se mantienen hasta las bocas inhertes.
Pero me mantengo al margen, por que aqui estoy.
Que salida la tuya! cuando creiste encontrarla se cerró de pronto.
Miles de puertas se abren y oscilan entre el bien y el mal, que inocencia de pueblo te vió la vida.
Y ahora remaste, mucho remaste. Y estás solo en el tempano de la confusión.
Y decidiste alejarte y dejar que festejen sabiendo que eso no va con vos,
dejar que festejen es compartir su fiesta, es alegrarles la vida como si fueras un trofeo.
Bienvenido al mundo!
Y que hay si no lucho, y que hay si los dejo... nada entonces.
Es renunciar a mi mismo sino demuestro el camino cierto,
en alguna forma lo vi y se cerró delante de mis pasos
esta es la hora, tendré que inventar el nuevo camino.
Caminaré despacio y a través de los tiempos, pero sé que será mio.
Romperé el silencio.
Creerán en uno mismo, en el de al lado, pero no en el de arriba.
Gastón Escudero.
una vez más caiste y no te diste cuenta. La "mala junta" te salvo la mente y la experiencia te salvo el respeto.
Que vueltas da la vida para comprender que siempre nos gana, pero no nos aniquila, por que quiere que le demos batalla.
Y bienvenido al mundo, por que aqui estoy.
Las puertas se abren y la percepcción resiste, cuantos pasos ciegos viendo el camino.
De a poco se abrían a medida que avanzabamos y sonaban sus cerrojos al pasar por delante.
En algún momento creiste que la educación te salvaria, bienvenido al mundo.
Las lineas bajan hasta los mas alejados y se mantienen hasta las bocas inhertes.
Pero me mantengo al margen, por que aqui estoy.
Que salida la tuya! cuando creiste encontrarla se cerró de pronto.
Miles de puertas se abren y oscilan entre el bien y el mal, que inocencia de pueblo te vió la vida.
Y ahora remaste, mucho remaste. Y estás solo en el tempano de la confusión.
Y decidiste alejarte y dejar que festejen sabiendo que eso no va con vos,
dejar que festejen es compartir su fiesta, es alegrarles la vida como si fueras un trofeo.
Bienvenido al mundo!
Y que hay si no lucho, y que hay si los dejo... nada entonces.
Es renunciar a mi mismo sino demuestro el camino cierto,
en alguna forma lo vi y se cerró delante de mis pasos
esta es la hora, tendré que inventar el nuevo camino.
Caminaré despacio y a través de los tiempos, pero sé que será mio.
Romperé el silencio.
Creerán en uno mismo, en el de al lado, pero no en el de arriba.
Gastón Escudero.
jueves, 6 de mayo de 2010
Ana sabe que es posible crear mundos
Aquella mañana se despertó. No había nadie en la casa, ni en la vereda, ni en la calle.(Lo que debe saber el lector es que ella no murió) Rápido, atravesó el corredor en camisón, le dio de comer a la pinina masa con chocolate, se preparó una leche fría con agua y se fue a la cama. La inexistencia estaba en la casa para hacer de comer. Ya era mediodía, ella pesaba panes duros en la balanza de plástico, las tripitas le sonaban.
Se puso el vestido de bailarina y jugó a que era una reina malvada, le dio frío y la cobija vieja, la del agujero grande se hizo poncho. Ella se transformó en ella. Juntaba margaritas muertas, rompía silencios completos.
En un boul: yerba, polenta y agua, mezcló los ingredientes. Pasaban las horas, los minutos, a las tres probó un poquito, seguía frío y grumoso. No podía soñar.
La Nada, el vacío. Para las cinco estaba aburrida. Se puso un pantalón, una camiseta descocida y por supuesto las zapatillas al revés. Buscó a sus amigos en la calle, en sus casas, en las chocitas, en las zanjas, en la casa abandonada, en la quinta, entre las máquinas, no estaban. Pasó por el kiosco, estaba abierto, estarán allá todos. Entró, nada. ¡Marta!, exclamó. Nadie respondió, miró por arriba del mostrador, apoyó los pies en las cajas de vino y husmeó, todo vacío.
Fue hasta su casa, buscó la soga y comenzó a saltar, pensó que pasaría en un rato cucurto en bici, y al rato pasó, se acordó de Leticia a quien tanto hacía que no veía, así pasó. Sintió que era necesario que pasara la mujer de cucurto con la pollera floreada, fumando un cigarrillo, con los ruleros en la cabeza y así sucedió. Quiso que su hermano Ale le trajera una muñeca y así sucedió, quiso que su mamá apareciera con mucha comida y así sucedió, deseó que reviviera su papá y así sucedió. Creadora de sus propias mentiras, así sucedió.
Sentada en un banco de la plaza, Ana piensa las ausencias de modo tal que no la interrumpan, Ana sabe que es posible crear mundos. Ana, lamentablemente llora lo que no pudo ser y fue.
Mariangeles Belacín
Se puso el vestido de bailarina y jugó a que era una reina malvada, le dio frío y la cobija vieja, la del agujero grande se hizo poncho. Ella se transformó en ella. Juntaba margaritas muertas, rompía silencios completos.
En un boul: yerba, polenta y agua, mezcló los ingredientes. Pasaban las horas, los minutos, a las tres probó un poquito, seguía frío y grumoso. No podía soñar.
La Nada, el vacío. Para las cinco estaba aburrida. Se puso un pantalón, una camiseta descocida y por supuesto las zapatillas al revés. Buscó a sus amigos en la calle, en sus casas, en las chocitas, en las zanjas, en la casa abandonada, en la quinta, entre las máquinas, no estaban. Pasó por el kiosco, estaba abierto, estarán allá todos. Entró, nada. ¡Marta!, exclamó. Nadie respondió, miró por arriba del mostrador, apoyó los pies en las cajas de vino y husmeó, todo vacío.
Fue hasta su casa, buscó la soga y comenzó a saltar, pensó que pasaría en un rato cucurto en bici, y al rato pasó, se acordó de Leticia a quien tanto hacía que no veía, así pasó. Sintió que era necesario que pasara la mujer de cucurto con la pollera floreada, fumando un cigarrillo, con los ruleros en la cabeza y así sucedió. Quiso que su hermano Ale le trajera una muñeca y así sucedió, quiso que su mamá apareciera con mucha comida y así sucedió, deseó que reviviera su papá y así sucedió. Creadora de sus propias mentiras, así sucedió.
Sentada en un banco de la plaza, Ana piensa las ausencias de modo tal que no la interrumpan, Ana sabe que es posible crear mundos. Ana, lamentablemente llora lo que no pudo ser y fue.
Mariangeles Belacín
martes, 4 de mayo de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
Melody.

¡Llegamos!- dijo Marcos accionando los frenos del auto con la intención de despertar a Melody, su hija de dos años, mientras Malena, su mujer, se desabrochaba el cinturón de seguridad.
Bajaron del auto y dieron la orden a los del camión de mudanza que entraran las cosas a la casa. La nueva casa. Esa casa que desearon durante años por fin era suya.
La casa era enorme, muy lujosa y con un estilo campestre. Se encontraba alejada del pueblo, estaba a sólo unos pocos kilómetros de un bosque.
Melody empezó a corretear por la casa, sus padres la observaron por unos minutos y empezaron a desempacar. La adrenalina era tan grande que las horas corrían sin que se dieran cuenta.
¿Dónde está Melody?- preguntó Marcos y salió a buscarla. Malena lo siguió. La buscaron en la cocina, en el comedor, en los baños, en los cuartos de arriba y nada. Desesperados salieron al parque. Se encontraban solos., la luna ya decía presente y la nena no aparecía.
El canto- dijo la mujer retorciéndose las manos- hay algo en la casa que está cantando. Marcos siguió buscando a su hija por los alrededores pero Malena no ignoró ese canto y fue corriendo a la casa. Una vez dentro siguió esa dulce melodía que la llevó hacia el altillo. En él, frente a la única ventana, de espaldas, se encontraba una niña.
-¡Melody!- expresó Malena casi sin aliento. La niña no volteó. Siguió cantando. La mujer se acercó y la miró. La niña mantenía la mirada fija en el bosque. Su canto persistía sin modificación alguna.
Con las lágrimas recorriendo su mejilla, Malena fue a buscar a Marcos.
Corrieron acelerados en busca del guardabosque Máximo. Él era el único que podría ayudarlos.
La cabaña parecía estar cada vez más alejada hasta que llegaron. Golpearon la puerta intensamente. Máximo con media almohada en la cara los atendió.
Allí está- les dijo- la encontré a orillas del río; el correr de las aguas la ha dormido- y sonrió. Los padres se acercaron a la nena y la abrazaron fuertemente. Ella seguía durmiendo.
¿Cómo podemos agradecértelo?- le preguntó la mujer. Máximo sonrió y les dijo; “cuando despierte, pueden irse. Sólo cuando despierte. Ahora disfrutemos su canción.”
Laura Pavón
No me gustan los días de


Reptiles, somos y mordemos de la fruta prohibida, la mesa esta servida, hay para todos y veamos con claridad, seamos eso que queremos y veamos de verdad, bebamos de la sabia sin preguntar…
Para que el pasto no sea solo y algo simple, no mas…si, eso quiero, ser y no ser, me siento un puente, rara sensación de amor, que de raro esta perdido…sintiendo lo sagrado de beber lo original, las tripas atadas al peligro, al agujero negro, eso es ver, si, y muy claro…así poder sentir el basta interior que aclama, y como lo hace, suspiro tras suspiro, lo vació se vuelve a llenar…o acaso no sentimos sed.
Y si algún día recuerdan ese día, propongo, por decir algo, que no sea violento, espero aprender a no pegar con la palabra ni la mano escrita. Solo el tiempo ayuda entre suspiro y suspiro a no morder el centro, solo el deseo sabe de egotismos, los otros lo imitan y tratan de invadir su espacio, por eso huye de si mismo y busca recovecos donde esconder su cabeza, que no piense mas y que todo va a pasar. Un día así soy enredadera, imito la higuera mortal. Salto de la cama y no puedo despertar, inercia, insatisfacción inmadurez mental.
Salomé Dascón
domingo, 2 de mayo de 2010

Juanjo Kaufmann
CUANDO VEAS A UN GORDO CON OJOS DE BUENO, SEA CIERTO O NO.
Cuando se murió mi abuela tuve que inventarme una buena historia, o por lo menos una que mi cabeza de 7 años aceptara como válida para justificar su ausencia. Siempre fue muy importante para mí.
Luego de muchas vueltas empecé a ver a esta vida como una gran escuela, un aprendizaje, un montón de cosas que había que saber para entrar al “paraíso” prometido. Mi abuela tenía 52 años, que para mi era bastante, pero entendí que era una persona joven o que podía vivir unos diez años mas por lo menos (según la expectativa media de vida) y junto con esa historia comenzaron a dibujarse en mi cabeza otras injusticias, de cómo personas buenas y honestas se morían, mientras los demás quedaban… Quedábamos.
Había nenes que siendo mas chicos que yo se habían muerto y sus padres todavía tenían el corazón roto y había viejos de mierda que habían matado, violado, golpeado, torturado y muchas otras cosas y respiraban el mismo aire que los pájaros y disfrutaban del mismo sol que los perros. De ahí salió la novedosa y aliviadora teoría de que uno vivía lo necesario para limpiarse y aprender todo lo que se necesitaba. Mientras más maldades hacías, mas tiempo tendrías que vivir y más tendrías que envejecer y padecer.
Ahora conozco viejos que nunca fueron tan jodidos y yo no se cuanto habré aprendido pero preferiría hacerme el boludo unas décadas mas. Porque al final no es tan feo ponerse viejo. Pero cada vez que ocurre alguna de esas “injusticias antinaturales”, algun “error universal” acá cerca nomás, te da para pensar con la mente de un chico ¿Cuántas cosas me faltaran aprender para empezar a vivir?
Juan Garay
cinco minutitos

Pesor a manteca bailando en el azúcar, trago burbuja de pesor estomago cayendo como piedra nuca. Lipudor de mancha, gangrena, estaca y viento exterior interior. Calles que vuelven y siguen, aromas, nariz. El amor profundo, el desapego, el ser libre, la búsqueda, las proezas, pies sencillos. Medio y barro, camino, vueltas, círculos perfumados, la lección, el pensar el decir, la marea y el barco lejano mármol acuarela. La espesa mancha ventana, con ruidos murmullos y sinfonías. El sol de cada puerta , algunas abiertas otras cerradas. El futuro, hamacas, pies sucios, periódico, arroz sin manteca sin queso sin cuchara. El pasado muela, presente yaga, el decir el hacer, nada. Realidad.las luces, el show.
Lo dinámico, lo quieto, bicicletas , pasos , avenidas gente semáforos, rincones, belleza, espejos. Todo.
Y por dentro; ríos cascadas, pozosnegros, ningun cuento, un amor, tantos de ellos y el silencio. La enfermedad, el cáncer, el ruido, la ceguez, el tiempo, la mecánica, las sistematografia, la veredas que se cruzan se juntan se tropiezan, todo, como un tambor, que suena y hace ruido.
Lo mágico que se revela, lluvia, relámpago. Y la espera, la calma, el respirar profundo, cerrar ojos destruirse , desarmarse, lo nuevo, lo que vendrá, lo que sigue de esto, lo que aprendemos y continuamos, las vías el tren, el cielo, el universo, el mundo, tu cuerpo, el mio. Todo. Vivir, comprender eso
Fermín Erdocia
Miedo

Juanjo Kaufmann
Miedo a estancarme a aproximarme cada día mas al ultimo día
Miedo a sonreír por lo efímero que resulta
Miedo a querer porque eso duele, inevitablemente.
Miedo a estar solo con mi sueño y con el fracaso
Miedo a volar
Miedo a correr
Miedo a gritar
Miedo a estar jodidamente loco
Miedo de odiar y joder al resto
Miedo a desangrarme
A drogarme a estar sobrio
A no poder hablar y escuchar
A no hacer nada a ser una sombra
Miedo a mirar para atrás y a mis pies
Miedo a la noche en l silencio
Miedo al ruido
Miedo a ser un viejo y al recuerdo ingrato de la juventud
miedo a ser une estupido
y conformarme con eso
miedo a no tener rabia
miedo a no tener paz
miedo, miedo
miedo de no superar el miedo
miedo a todo lo que genera miedo
miedo de llorar
miedo.
Miedo a repetir palabras y que se vuelvan sagradas
Miedo a dios
Y al infierno
Miedo a dejar de escucharme
Miedo de ser humano
Miedo de no serlo
Miedo a lo concreto
A lo desconocido
Miedo.
Maldito miedo que se lleva mi vida
Maldita palabra
Y lamento.
Miedo a no definir el miedo
Y después mas miedos
Por ejemplo a ser padre
Y pasarle mis fracasos ms hijos
Miedo a ser feliz
Miedo ser siempre triste
A la tirania
Al desamor
Miedo, miedo.
Fermín Erdocia
27-11

Juanjo Kaufmann
Tristeza de domingo sin tallarines ni familia. Perpetuada hasta el cansancio en palabras que no se dicen, en abrazos que no llegan. Tiempos de trabajo sin descanso ni pasión que llegan con sus noches cargadas de tensiones y ocasos sin amor. Esforzándonos por alcanzar un paraíso de plástico con patas de cartón.
Nunca soñamos esta historia y ahora la historia nos roba las ganas de seguir soñando. Los días se reproducen por clonación, con los altibajos propios de esta economía más de emergencia que emergente. Son ciclos y ciclos interminables, como anillos que atrapan a generaciones enteras. En mi casa nacemos predispuestos a la tristeza tanto como a morir por cáncer, problemas cardíacos o accidentes de auto. Ya nadie muere de amor.
Aprendemos de la oferta y la demanda, de probabilidades estadísticas tan frías como el contador de un político mafioso. Arriesgamos solo lo que podemos permitirnos perder y desconfiamos tanto que nos dejamos solos y somos tan oportunistas que ya nadie nos cree.
La oreja se lamenta porque nadie la escucha y los ojos buscan cualquier excusa para drenar la presión.
Juan Garay
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