Grita La Madrid

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jueves, 6 de mayo de 2010

Ana sabe que es posible crear mundos

Aquella mañana se despertó. No había nadie en la casa, ni en la vereda, ni en la calle.(Lo que debe saber el lector es que ella no murió) Rápido, atravesó el corredor en camisón, le dio de comer a la pinina masa con chocolate, se preparó una leche fría con agua y se fue a la cama. La inexistencia estaba en la casa para hacer de comer. Ya era mediodía, ella pesaba panes duros en la balanza de plástico, las tripitas le sonaban.
Se puso el vestido de bailarina y jugó a que era una reina malvada, le dio frío y la cobija vieja, la del agujero grande se hizo poncho. Ella se transformó en ella. Juntaba margaritas muertas, rompía silencios completos.
En un boul: yerba, polenta y agua, mezcló los ingredientes. Pasaban las horas, los minutos, a las tres probó un poquito, seguía frío y grumoso. No podía soñar.
La Nada, el vacío. Para las cinco estaba aburrida. Se puso un pantalón, una camiseta descocida y por supuesto las zapatillas al revés. Buscó a sus amigos en la calle, en sus casas, en las chocitas, en las zanjas, en la casa abandonada, en la quinta, entre las máquinas, no estaban. Pasó por el kiosco, estaba abierto, estarán allá todos. Entró, nada. ¡Marta!, exclamó. Nadie respondió, miró por arriba del mostrador, apoyó los pies en las cajas de vino y husmeó, todo vacío.
Fue hasta su casa, buscó la soga y comenzó a saltar, pensó que pasaría en un rato cucurto en bici, y al rato pasó, se acordó de Leticia a quien tanto hacía que no veía, así pasó. Sintió que era necesario que pasara la mujer de cucurto con la pollera floreada, fumando un cigarrillo, con los ruleros en la cabeza y así sucedió. Quiso que su hermano Ale le trajera una muñeca y así sucedió, quiso que su mamá apareciera con mucha comida y así sucedió, deseó que reviviera su papá y así sucedió. Creadora de sus propias mentiras, así sucedió.
Sentada en un banco de la plaza, Ana piensa las ausencias de modo tal que no la interrumpan, Ana sabe que es posible crear mundos. Ana, lamentablemente llora lo que no pudo ser y fue.

Mariangeles Belacín

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