Ya acomodao´ en la mesa
Ni a la barra saludaste
Si recién te levantaste
¿Cuándo te irás a acostar?
Desayunando de noche,
Olfateando el plato ajeno,
Negro aflojale a la timba
Porque te va a reventar
Tus zapatos ya no brillan
Y no traes la corbata
Pretendes que la percanta
Sola se vuelva a arrimar.
Acostándote de día
Solo pensando en un burro
Aflojale al escolazo
Que tu vieja te va a echar
Te lo dicen los gomias
Sentate un rato a charlar
Hoy acostate temprano
Y mañana madrugas
Y si te gustan las cartas
No le esquives mas al pique
Si se entera la viejita
Sabés como va a llorar.-
miércoles, 9 de junio de 2010
Señorita de ciudad
La almohada no me da más,
De escucharme conversar.
Que penas que trae, la noche, por ahí
Si me pongo a recordar.
Que penas que trae, la noche, viday
Si yo te quiero olvidar.
En el monte yo crecí,
La laguna y el galpón.
Y ahora usted, con esos ojos, viday
Me vino a descarrilar.
Tiene mi sueño a su antojo, viday
Ni el cuco quiere asomar.
Cuándo llegará esa nube final,
Que me lleva al carnaval.
Y así poderla ver, mojándose los pies,
Señorita de ciudad.
Y así poderla ver, mojándose los pies,
Señorita de ciudad.
De yute voy a llevar,
Alpargatas con cordón.
No tengo para zapatos, qué viá!
Pero soy un lindo pión.
Las botas son p´al trabajo y domar,
Verá no soy derrochón.
Si la llegara a encontrar,
En la arena pa´ bailar.
Su pañuelo al viento y el mío, viday
Palomitas que se van.
Que penas que trae soñarte, viday
Si el hocico no me da.-
De escucharme conversar.
Que penas que trae, la noche, por ahí
Si me pongo a recordar.
Que penas que trae, la noche, viday
Si yo te quiero olvidar.
En el monte yo crecí,
La laguna y el galpón.
Y ahora usted, con esos ojos, viday
Me vino a descarrilar.
Tiene mi sueño a su antojo, viday
Ni el cuco quiere asomar.
Cuándo llegará esa nube final,
Que me lleva al carnaval.
Y así poderla ver, mojándose los pies,
Señorita de ciudad.
Y así poderla ver, mojándose los pies,
Señorita de ciudad.
De yute voy a llevar,
Alpargatas con cordón.
No tengo para zapatos, qué viá!
Pero soy un lindo pión.
Las botas son p´al trabajo y domar,
Verá no soy derrochón.
Si la llegara a encontrar,
En la arena pa´ bailar.
Su pañuelo al viento y el mío, viday
Palomitas que se van.
Que penas que trae soñarte, viday
Si el hocico no me da.-
De la sangre coya
Mi pecho una caja se volvió
Al pisar el cerro
De las vicuñas soy el pastor
De mi vida no.
Esos coyitas
Sangre de plomo
Con ese tizne
En el corazón.
Esos coyitas
Sudan en un pozo
Sus ojitos
Se vuelven carbón.
Mi pecho una caja volvió
Al pisar el cerro
Como haré para salir del dolor
Si huelo el carbón.
Esos coyitas
Sangre de plomo
Sus ojitos
Se vuelven carbón
Hay! Si pudiera
Cómo lo haría
Darles la mano
y que sean pastor.-
Al pisar el cerro
De las vicuñas soy el pastor
De mi vida no.
Esos coyitas
Sangre de plomo
Con ese tizne
En el corazón.
Esos coyitas
Sudan en un pozo
Sus ojitos
Se vuelven carbón.
Mi pecho una caja volvió
Al pisar el cerro
Como haré para salir del dolor
Si huelo el carbón.
Esos coyitas
Sangre de plomo
Sus ojitos
Se vuelven carbón
Hay! Si pudiera
Cómo lo haría
Darles la mano
y que sean pastor.-
domingo, 6 de junio de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
Inocencia
Yo la traje al mundo muerto. Ella comenzó a remontarse en una tierra seductora, que cambiaba el sentido con cada abrir y cerrar de ojos. Estaba turbada. Desconocía.
Ni un miserable insecto. Única. Sentada en una silla en medio del parque. Los árboles semejaban estar aniquilados, el viento ausente, y el sol... al sol no lo recordaba, aunque había luz, nunca lo había visto.
Comenzó a peregrinar, acaricié su alma. Poco a poco la brisa me sugirió que no la dejara ir. A lo lejos se escuchaba el himno de los cuervos y más lejano aún, el chocar de las aguas descompuestas que mecían brutalmente algunos cadáveres de animales. Ernestina se sintió atraída por el golpeteo y empezó a buscarlo hasta que no lo escuchó más.
Ahora, el aullido de los lobos hambrientos y mi desesperación por tocarla, la acechábamos.
Lloró. Su agitada respiración era la mía. Sin embargo recorrí inescrupulosamente sus venas. Seduje uno a uno sus órganos.
El útero le ardía.
Se puso de pie, secó sus lágrimas, se restregó los ojos y lo sentí. Corrió. La oscuridad era extrema.
-Ella se caerá- me dije.
Todo fue tan repentino que no pude sujetarla. La tenía en mis manos, pero se esfumó como el humo de un cigarrillo en el aire.
Fue en ese instante que deduje que este hombre un tanto pervertido, ya no era el de sus sueños.
Sí, Ernestina había despertado.
Laura Pavón.
Ni un miserable insecto. Única. Sentada en una silla en medio del parque. Los árboles semejaban estar aniquilados, el viento ausente, y el sol... al sol no lo recordaba, aunque había luz, nunca lo había visto.
Comenzó a peregrinar, acaricié su alma. Poco a poco la brisa me sugirió que no la dejara ir. A lo lejos se escuchaba el himno de los cuervos y más lejano aún, el chocar de las aguas descompuestas que mecían brutalmente algunos cadáveres de animales. Ernestina se sintió atraída por el golpeteo y empezó a buscarlo hasta que no lo escuchó más.
Ahora, el aullido de los lobos hambrientos y mi desesperación por tocarla, la acechábamos.
Lloró. Su agitada respiración era la mía. Sin embargo recorrí inescrupulosamente sus venas. Seduje uno a uno sus órganos.
El útero le ardía.
Se puso de pie, secó sus lágrimas, se restregó los ojos y lo sentí. Corrió. La oscuridad era extrema.
-Ella se caerá- me dije.
Todo fue tan repentino que no pude sujetarla. La tenía en mis manos, pero se esfumó como el humo de un cigarrillo en el aire.
Fue en ese instante que deduje que este hombre un tanto pervertido, ya no era el de sus sueños.
Sí, Ernestina había despertado.
Laura Pavón.
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