Grita La Madrid

Espacio abierto para todo aquel que quiera gritar, fuerte o bajito, desde La Madrid o desde donde el pueblo esté presente.

martes, 11 de mayo de 2010



Juanjo Kaufmann

INSTANTE

Por más que quisieran no podían. Era imposible ocultar el paso de los años. La casa estaba irreconocible. Un matorral cubría el jardín. Llegar a la puerta principal era como atravesar un safari, solo que en lugar de animales salvajes los que atacaban eran los mosquitos y los recuerdos.
La última vez que la casa estuvo habitada fue en el dos mil, cuando Karina pasó el verano con su familia. Acostumbraban ir todos los años, pero desde aquel accidente no volvieron más. Sus padres se divorciaron y Felisa, su madre, no soportó la presión acumulada y diez años después se suicidó.
Karina era directora de una empresa textil junto a Horacio, su marido.
Después de veinte años volvió a la “casa de verano” con su familia y con mucha inseguridad.
Llegar a la puerta principal fue muy difícil ya que en este pequeño trayecto recordó lo que por tanto tiempo la acobardó.
-Karina ¿bajamos?- le preguntó Horacio mientras la tomaba de la mano. Luego de unos minutos ella asintió con la cabeza y cargó en sus brazos a su pequeña de siete años.
Desde cada rincón de la casa recibía un disparo a la memoria.
Con el correr de los días el matrimonio fue acondicionando la casa. A unos pocos metros del jardín se podía apreciar la vista del arroyo con una corriente tranquila y con agua muy clara.
Es el sexto día, está frío y anubarrado. El fuerte viento acelera la corriente de la calzada. Salir es atentar contra la vida.Es tenebroso mirar a través del ventanal. Los árboles parecen estar asustados. No hay ni una solo fiera. La oscuridad poco a poco se apodera del día.
La mujer desde su cuarto descubre una sombra, con mucho miedo observa y espera el momento oportuno para gritar, con agonía aguarda que con el paso de los segundos se aleje de la orilla... pero el cuerpo sigue inmóvil, no aguanta y grita. Grita con todas sus fuerzas, con el poco aliento que los recuerdos le dejan, con el gran temor de hacer que caiga al arroyo, reviviendo cada centésima de segundo el acontecimiento, con una gran presión en el pecho sin tener conciencia grita; ¡Felicitas!

Laura Pavón.

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