Ahi arriba era chiquito, esa noche que no sé.
Y estabamos y nos mirabamos. Y creo que la vela y creo que el colchón.
Pero mirá, no me alcanzó. Mira mis paredes rayadas por vos.
No puedo creer. No me costaba nada disimular mi estupidez.
Salias despues. Te escuche hablar. Te vi tan de cerca que despues no me pude recuperar.
Retornar. El eco de tu boca chorrea.
Retornar. Tu cara, ese, el mejor ejemplo de belleza sin maldad.
Caminar, gritar, rajar, llorar.Porque no entender el silencio es no entender que no hay nada que explicar. (No me acostumbro a no hablar de más).
Todavía no me sale mirarte sin temblar.
La cabeza, el cuerpo, o la piel.
El tiempo, la rima, la electricidad ocular o la soledad.
Esa noche alta, o tus venas, o la puñalada mortal.
La risa, el entorno o el misterio que no revelas.
Revolver la herida, ayudarla a cicatrizar, ¿Sería pedir de más?.
Cecilia García
viernes, 21 de mayo de 2010
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