
¡Llegamos!- dijo Marcos accionando los frenos del auto con la intención de despertar a Melody, su hija de dos años, mientras Malena, su mujer, se desabrochaba el cinturón de seguridad.
Bajaron del auto y dieron la orden a los del camión de mudanza que entraran las cosas a la casa. La nueva casa. Esa casa que desearon durante años por fin era suya.
La casa era enorme, muy lujosa y con un estilo campestre. Se encontraba alejada del pueblo, estaba a sólo unos pocos kilómetros de un bosque.
Melody empezó a corretear por la casa, sus padres la observaron por unos minutos y empezaron a desempacar. La adrenalina era tan grande que las horas corrían sin que se dieran cuenta.
¿Dónde está Melody?- preguntó Marcos y salió a buscarla. Malena lo siguió. La buscaron en la cocina, en el comedor, en los baños, en los cuartos de arriba y nada. Desesperados salieron al parque. Se encontraban solos., la luna ya decía presente y la nena no aparecía.
El canto- dijo la mujer retorciéndose las manos- hay algo en la casa que está cantando. Marcos siguió buscando a su hija por los alrededores pero Malena no ignoró ese canto y fue corriendo a la casa. Una vez dentro siguió esa dulce melodía que la llevó hacia el altillo. En él, frente a la única ventana, de espaldas, se encontraba una niña.
-¡Melody!- expresó Malena casi sin aliento. La niña no volteó. Siguió cantando. La mujer se acercó y la miró. La niña mantenía la mirada fija en el bosque. Su canto persistía sin modificación alguna.
Con las lágrimas recorriendo su mejilla, Malena fue a buscar a Marcos.
Corrieron acelerados en busca del guardabosque Máximo. Él era el único que podría ayudarlos.
La cabaña parecía estar cada vez más alejada hasta que llegaron. Golpearon la puerta intensamente. Máximo con media almohada en la cara los atendió.
Allí está- les dijo- la encontré a orillas del río; el correr de las aguas la ha dormido- y sonrió. Los padres se acercaron a la nena y la abrazaron fuertemente. Ella seguía durmiendo.
¿Cómo podemos agradecértelo?- le preguntó la mujer. Máximo sonrió y les dijo; “cuando despierte, pueden irse. Sólo cuando despierte. Ahora disfrutemos su canción.”
Laura Pavón
No hay comentarios:
Publicar un comentario