martes, 4 de mayo de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
Melody.

¡Llegamos!- dijo Marcos accionando los frenos del auto con la intención de despertar a Melody, su hija de dos años, mientras Malena, su mujer, se desabrochaba el cinturón de seguridad.
Bajaron del auto y dieron la orden a los del camión de mudanza que entraran las cosas a la casa. La nueva casa. Esa casa que desearon durante años por fin era suya.
La casa era enorme, muy lujosa y con un estilo campestre. Se encontraba alejada del pueblo, estaba a sólo unos pocos kilómetros de un bosque.
Melody empezó a corretear por la casa, sus padres la observaron por unos minutos y empezaron a desempacar. La adrenalina era tan grande que las horas corrían sin que se dieran cuenta.
¿Dónde está Melody?- preguntó Marcos y salió a buscarla. Malena lo siguió. La buscaron en la cocina, en el comedor, en los baños, en los cuartos de arriba y nada. Desesperados salieron al parque. Se encontraban solos., la luna ya decía presente y la nena no aparecía.
El canto- dijo la mujer retorciéndose las manos- hay algo en la casa que está cantando. Marcos siguió buscando a su hija por los alrededores pero Malena no ignoró ese canto y fue corriendo a la casa. Una vez dentro siguió esa dulce melodía que la llevó hacia el altillo. En él, frente a la única ventana, de espaldas, se encontraba una niña.
-¡Melody!- expresó Malena casi sin aliento. La niña no volteó. Siguió cantando. La mujer se acercó y la miró. La niña mantenía la mirada fija en el bosque. Su canto persistía sin modificación alguna.
Con las lágrimas recorriendo su mejilla, Malena fue a buscar a Marcos.
Corrieron acelerados en busca del guardabosque Máximo. Él era el único que podría ayudarlos.
La cabaña parecía estar cada vez más alejada hasta que llegaron. Golpearon la puerta intensamente. Máximo con media almohada en la cara los atendió.
Allí está- les dijo- la encontré a orillas del río; el correr de las aguas la ha dormido- y sonrió. Los padres se acercaron a la nena y la abrazaron fuertemente. Ella seguía durmiendo.
¿Cómo podemos agradecértelo?- le preguntó la mujer. Máximo sonrió y les dijo; “cuando despierte, pueden irse. Sólo cuando despierte. Ahora disfrutemos su canción.”
Laura Pavón
No me gustan los días de


Reptiles, somos y mordemos de la fruta prohibida, la mesa esta servida, hay para todos y veamos con claridad, seamos eso que queremos y veamos de verdad, bebamos de la sabia sin preguntar…
Para que el pasto no sea solo y algo simple, no mas…si, eso quiero, ser y no ser, me siento un puente, rara sensación de amor, que de raro esta perdido…sintiendo lo sagrado de beber lo original, las tripas atadas al peligro, al agujero negro, eso es ver, si, y muy claro…así poder sentir el basta interior que aclama, y como lo hace, suspiro tras suspiro, lo vació se vuelve a llenar…o acaso no sentimos sed.
Y si algún día recuerdan ese día, propongo, por decir algo, que no sea violento, espero aprender a no pegar con la palabra ni la mano escrita. Solo el tiempo ayuda entre suspiro y suspiro a no morder el centro, solo el deseo sabe de egotismos, los otros lo imitan y tratan de invadir su espacio, por eso huye de si mismo y busca recovecos donde esconder su cabeza, que no piense mas y que todo va a pasar. Un día así soy enredadera, imito la higuera mortal. Salto de la cama y no puedo despertar, inercia, insatisfacción inmadurez mental.
Salomé Dascón
domingo, 2 de mayo de 2010

Juanjo Kaufmann
CUANDO VEAS A UN GORDO CON OJOS DE BUENO, SEA CIERTO O NO.
Cuando se murió mi abuela tuve que inventarme una buena historia, o por lo menos una que mi cabeza de 7 años aceptara como válida para justificar su ausencia. Siempre fue muy importante para mí.
Luego de muchas vueltas empecé a ver a esta vida como una gran escuela, un aprendizaje, un montón de cosas que había que saber para entrar al “paraíso” prometido. Mi abuela tenía 52 años, que para mi era bastante, pero entendí que era una persona joven o que podía vivir unos diez años mas por lo menos (según la expectativa media de vida) y junto con esa historia comenzaron a dibujarse en mi cabeza otras injusticias, de cómo personas buenas y honestas se morían, mientras los demás quedaban… Quedábamos.
Había nenes que siendo mas chicos que yo se habían muerto y sus padres todavía tenían el corazón roto y había viejos de mierda que habían matado, violado, golpeado, torturado y muchas otras cosas y respiraban el mismo aire que los pájaros y disfrutaban del mismo sol que los perros. De ahí salió la novedosa y aliviadora teoría de que uno vivía lo necesario para limpiarse y aprender todo lo que se necesitaba. Mientras más maldades hacías, mas tiempo tendrías que vivir y más tendrías que envejecer y padecer.
Ahora conozco viejos que nunca fueron tan jodidos y yo no se cuanto habré aprendido pero preferiría hacerme el boludo unas décadas mas. Porque al final no es tan feo ponerse viejo. Pero cada vez que ocurre alguna de esas “injusticias antinaturales”, algun “error universal” acá cerca nomás, te da para pensar con la mente de un chico ¿Cuántas cosas me faltaran aprender para empezar a vivir?
Juan Garay
cinco minutitos

Pesor a manteca bailando en el azúcar, trago burbuja de pesor estomago cayendo como piedra nuca. Lipudor de mancha, gangrena, estaca y viento exterior interior. Calles que vuelven y siguen, aromas, nariz. El amor profundo, el desapego, el ser libre, la búsqueda, las proezas, pies sencillos. Medio y barro, camino, vueltas, círculos perfumados, la lección, el pensar el decir, la marea y el barco lejano mármol acuarela. La espesa mancha ventana, con ruidos murmullos y sinfonías. El sol de cada puerta , algunas abiertas otras cerradas. El futuro, hamacas, pies sucios, periódico, arroz sin manteca sin queso sin cuchara. El pasado muela, presente yaga, el decir el hacer, nada. Realidad.las luces, el show.
Lo dinámico, lo quieto, bicicletas , pasos , avenidas gente semáforos, rincones, belleza, espejos. Todo.
Y por dentro; ríos cascadas, pozosnegros, ningun cuento, un amor, tantos de ellos y el silencio. La enfermedad, el cáncer, el ruido, la ceguez, el tiempo, la mecánica, las sistematografia, la veredas que se cruzan se juntan se tropiezan, todo, como un tambor, que suena y hace ruido.
Lo mágico que se revela, lluvia, relámpago. Y la espera, la calma, el respirar profundo, cerrar ojos destruirse , desarmarse, lo nuevo, lo que vendrá, lo que sigue de esto, lo que aprendemos y continuamos, las vías el tren, el cielo, el universo, el mundo, tu cuerpo, el mio. Todo. Vivir, comprender eso
Fermín Erdocia
Miedo

Juanjo Kaufmann
Miedo a estancarme a aproximarme cada día mas al ultimo día
Miedo a sonreír por lo efímero que resulta
Miedo a querer porque eso duele, inevitablemente.
Miedo a estar solo con mi sueño y con el fracaso
Miedo a volar
Miedo a correr
Miedo a gritar
Miedo a estar jodidamente loco
Miedo de odiar y joder al resto
Miedo a desangrarme
A drogarme a estar sobrio
A no poder hablar y escuchar
A no hacer nada a ser una sombra
Miedo a mirar para atrás y a mis pies
Miedo a la noche en l silencio
Miedo al ruido
Miedo a ser un viejo y al recuerdo ingrato de la juventud
miedo a ser une estupido
y conformarme con eso
miedo a no tener rabia
miedo a no tener paz
miedo, miedo
miedo de no superar el miedo
miedo a todo lo que genera miedo
miedo de llorar
miedo.
Miedo a repetir palabras y que se vuelvan sagradas
Miedo a dios
Y al infierno
Miedo a dejar de escucharme
Miedo de ser humano
Miedo de no serlo
Miedo a lo concreto
A lo desconocido
Miedo.
Maldito miedo que se lleva mi vida
Maldita palabra
Y lamento.
Miedo a no definir el miedo
Y después mas miedos
Por ejemplo a ser padre
Y pasarle mis fracasos ms hijos
Miedo a ser feliz
Miedo ser siempre triste
A la tirania
Al desamor
Miedo, miedo.
Fermín Erdocia
27-11

Juanjo Kaufmann
Tristeza de domingo sin tallarines ni familia. Perpetuada hasta el cansancio en palabras que no se dicen, en abrazos que no llegan. Tiempos de trabajo sin descanso ni pasión que llegan con sus noches cargadas de tensiones y ocasos sin amor. Esforzándonos por alcanzar un paraíso de plástico con patas de cartón.
Nunca soñamos esta historia y ahora la historia nos roba las ganas de seguir soñando. Los días se reproducen por clonación, con los altibajos propios de esta economía más de emergencia que emergente. Son ciclos y ciclos interminables, como anillos que atrapan a generaciones enteras. En mi casa nacemos predispuestos a la tristeza tanto como a morir por cáncer, problemas cardíacos o accidentes de auto. Ya nadie muere de amor.
Aprendemos de la oferta y la demanda, de probabilidades estadísticas tan frías como el contador de un político mafioso. Arriesgamos solo lo que podemos permitirnos perder y desconfiamos tanto que nos dejamos solos y somos tan oportunistas que ya nadie nos cree.
La oreja se lamenta porque nadie la escucha y los ojos buscan cualquier excusa para drenar la presión.
Juan Garay
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