
La mariposa preciosa, blanca con manchitas azules brillantes, volando aquí y allá se acerco a un cardo, rasposo, incoloro y sin perfume. “vengo del mas allá” dijo la mariposa y el cardo no pudo decir mucho, siempre estuvo allí, cerca de otros cardos.-puedo tocarte?-dijo la mariposa que se sentía muy sola-nunca me han tocado, supongo que será algo nuevo para mí-el cardo entonces, sintió una irresistible presión hacia dentro y se endureció aun mas sobre su tallo.-Me gusta tu andar mariposa, seguramente has visto mucho de lo que hay por ahí; flores preciosas; campos y praderas interminables; montañas que se juntan con el cielo. Sé que hay mucho de eso por allá, El Viento me ha contado un poco, pero se ha ido, se va y regresa todo el tiempo y en su voz silba estas anécdotas. También su voz arrastra perfumes, me ha enseñado a distinguir algunas de los sabores que trae, pero luego se los lleva y trae otros, así cada vez. Todo lo que conozco es por él, pero ya ves como dura tan poco. Soy un cardo, y mi vida crecerá sobre el tallo en que me sostengo. Ni un paso más acá, ni un paso más allá.La mariposa preciosa equilibraba sus alas como un papel pintado de azul, bellamente se sostenía en el aire mientras miraba fijamente hacia el cardo. Se resolvió en sus pensamientos por unos momentos y luego dijo:-sí, he visto mucho de lo que hay por ahí, lo que dices es cierto; he visto flores preciosas y me he enamorado de ellas, he volado entre el cielo y la montaña, y realmente es maravilloso, pero hay mucho más que aun no he visto. El mundo es un largo camino misterioso.El cardo se tambaleo como un resorte que ha sido golpeado por la brisa. Pensando en lo que decía la mariposa imagino aquellos campos coloridos de flores, de arboles bien bonitos y de encumbrados caminos de cielo, un especie de electricidad vibro desde sus raíces, de un momento a otro el cardo sintió que ya no era el mismo. Por su cabeza se mezclaban las montañas, los ríos, los colores y el perfume que inundaban aquel aire, su piel rasposa era ahora una corteza tan dulce y frágil como las que sujetan a las flores más bonitas y delicadas.-He venido desde lejos, como te mencione, y estoy un poco cansada, algo me dice que este es un sitio apacible para estar un buen tiempo. Mi viaje ha sido muy largo, es preciso que me detenga.Todas las cosas que he visto y tocado, me han mostrado lo grande que es la vida, y lo insignificante que somos, corriendo de un lado otro, o estancado eternamente sobre la tierra. El mundo es maravilloso, y uno debe elevarse lo más posible, estirarse en la carrera propia, nosotros las mariposas tenemos el privilegio de poder volar, de movernos por los espacios increíbles de este mundo, pero nuestra vida es apenas un pestañeo en el tiempo, un instante tan fugaz como un rayo cayendo del cielo, ese segundo somos, para la inmensidad, para aquello que es tan difícil de abordarlo y concebirlo, somos apenas eso, una miniatura en todo lo que existe y nuestras vidas harán que esa miniatura se cristalice sólida o no, en un tiempo perdurable. En eternas carreteras sin tiempo.-supongo que es así, pero no todos tenemos la suerte de verlo-sentencio el cardo- -puede ser, sin embargo también somos insignificantes por esa misma razón, y si intentáramos vernos, mostrarnos a nosotros mismos tal vez arrimemos a la idea, aunque remotamente, de hacer útil nuestra condición, nuestra existencia, y clarificar qué hacemos, vos como cardo, yo como mariposa.-Que hacemos en cuento a que-pregunto el cardo, haciendo dignas las palabras de ella.- A todo, en lo que hacemos y en lo que no, en lo que intentamos y dejamos de hacer, en todo. Creo que mi tarea es esta-después de un silencio la mariposa volvió en sus palabras:-Mi corta vida me ha llevado a lugares impensados, me ha descubierto en situaciones complejas y simples, he visto cientos de atardeceres y puestas de sol, he visto al hombre, rey de la tierra, con su actos de amor y de odio al mismo tiempo, me he enamorado y he creído pertenecer a flores y mariposas, me han herido, y he endulzado mi cuerpo de alegría, he visto lo largo del tiempo la solitaria carrera que llevamos adelante. También he descubierto que es posible contar historias, y aunque estas sean irrepetibles, la reproducción de ellas pueden cambiar la historia de quienes todavía no saben que hay una suya en camino por producirse.Entonces has venido a decir cuál es mi historia-pregunto el cardo- No, nada de eso, no queda mucho ya de mi tiempo, la vida de una mariposa es muy breve, debo partir, mi tarea ya fue efectiva. -pero ni siquiera soy una flor-rezongó el cardo-es cierto, no lo eres, pero eso no quita que puedas volverte una, en el instante mismo que creas que puedes florecer.El cardo se sintió tan solo como nunca en su vida de cardo. La mariposa beso su tallo en un gesto tan dulce, que no hay precisión para poder describir semejante escena. Mientras miraba sin comprender, la mariposa se alejo muy despacio. Pronto ella buscaría un lugar apacible al encuentro con su muerte, y el cardo seguiría ahí, floreciendo o no, sobre su tallo, en la tierra, en el mundo.
Fermín Erdocia
Fermín Erdocia
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