Grita La Madrid

Espacio abierto para todo aquel que quiera gritar, fuerte o bajito, desde La Madrid o desde donde el pueblo esté presente.

miércoles, 9 de junio de 2010

De la sangre coya

Mi pecho una caja se volvió
Al pisar el cerro
De las vicuñas soy el pastor
De mi vida no.

Esos coyitas
Sangre de plomo
Con ese tizne
En el corazón.

Esos coyitas
Sudan en un pozo
Sus ojitos
Se vuelven carbón.

Mi pecho una caja volvió
Al pisar el cerro
Como haré para salir del dolor
Si huelo el carbón.

Esos coyitas
Sangre de plomo
Sus ojitos
Se vuelven carbón

Hay! Si pudiera
Cómo lo haría
Darles la mano
y que sean pastor.-

domingo, 6 de junio de 2010

miércoles, 2 de junio de 2010

Inocencia

Yo la traje al mundo muerto. Ella comenzó a remontarse en una tierra seductora, que cambiaba el sentido con cada abrir y cerrar de ojos. Estaba turbada. Desconocía.
Ni un miserable insecto. Única. Sentada en una silla en medio del parque. Los árboles semejaban estar aniquilados, el viento ausente, y el sol... al sol no lo recordaba, aunque había luz, nunca lo había visto.
Comenzó a peregrinar, acaricié su alma. Poco a poco la brisa me sugirió que no la dejara ir. A lo lejos se escuchaba el himno de los cuervos y más lejano aún, el chocar de las aguas descompuestas que mecían brutalmente algunos cadáveres de animales. Ernestina se sintió atraída por el golpeteo y empezó a buscarlo hasta que no lo escuchó más.
Ahora, el aullido de los lobos hambrientos y mi desesperación por tocarla, la acechábamos.
Lloró. Su agitada respiración era la mía. Sin embargo recorrí inescrupulosamente sus venas. Seduje uno a uno sus órganos.
El útero le ardía.
Se puso de pie, secó sus lágrimas, se restregó los ojos y lo sentí. Corrió. La oscuridad era extrema.
-Ella se caerá- me dije.
Todo fue tan repentino que no pude sujetarla. La tenía en mis manos, pero se esfumó como el humo de un cigarrillo en el aire.
Fue en ese instante que deduje que este hombre un tanto pervertido, ya no era el de sus sueños.
Sí, Ernestina había despertado.

Laura Pavón.

jueves, 27 de mayo de 2010

-.Números de humo.-

Treinta y siete mil setecientas veces en mi boca,
Treinta y siete mil setecientas llamas y chispazos,
Treinta y siete mil setecientas oportunidades de no hacerlo,
Treinta y siete mil setecientos tabacos.
Dos pulmones negros.
Diez dedos con su olor,
Cinco años de vicio, y contando.
Una garganta rasposa e incontables voces roncas.
¿Cuántos años más de vida?
Dos pulmones negros.
Una vida.
Dos décadas y media de haber llegado,
Una quinta parte haciéndome el hombre.
Más arrugas de las que tendría,
Menos puro el aire.
Dos pulmones negros.
Mucha tos en pleno julio,
Baños de vapor en el calor de enero.
Fatiga y una mano en cada rodilla,
Quince minutos de fulbito.
Dos pulmones negros.
Media vida.-

viernes, 21 de mayo de 2010

Que no sangre

Ahi arriba era chiquito, esa noche que no sé.
Y estabamos y nos mirabamos. Y creo que la vela y creo que el colchón.
Pero mirá, no me alcanzó. Mira mis paredes rayadas por vos.
No puedo creer. No me costaba nada disimular mi estupidez.
Salias despues. Te escuche hablar. Te vi tan de cerca que despues no me pude recuperar.
Retornar. El eco de tu boca chorrea.
Retornar. Tu cara, ese, el mejor ejemplo de belleza sin maldad.
Caminar, gritar, rajar, llorar.Porque no entender el silencio es no entender que no hay nada que explicar. (No me acostumbro a no hablar de más).
Todavía no me sale mirarte sin temblar.
La cabeza, el cuerpo, o la piel.
El tiempo, la rima, la electricidad ocular o la soledad.
Esa noche alta, o tus venas, o la puñalada mortal.
La risa, el entorno o el misterio que no revelas.
Revolver la herida, ayudarla a cicatrizar, ¿Sería pedir de más?.

Cecilia García

martes, 18 de mayo de 2010


Juanjo Kaufmann